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Las naciones argentina y brasileÑa a travÉs del fÚtbol

Simoni Lahud Guedes*

(Traducción del portugués Lucía Eilbaum)

TODO NOS UNE Y NADA NOS SEPARA(1)
Pretendo aquí centrarme, comparativamente, en las narrativas nacionales argentina y brasileña, tal como se constituyen a través del fútbol, enfocando, en especial, la forma adquirida por los constructos relativos a los llamados “estilos nacionales” argentino y brasileño, buscando señalar algunas de sus semejanzas y clivajes. Me estimularon a esta incursión en terrenos, hasta muy poco tiempo atrás completamente desconocidos para mí, la lectura de los trabajos de Eduardo Archetti (1998, 1999, 2001) y algunos de los textos escritos u organizados por Pablo Alabarces (Alabarces y Rodríguez, 1996; Alabarces, Di Giano y Frydenberg, 1998, Alabarces, 2000).

En síntesis, el argumento es que, al contrario del epígrafe que utilicé, de cierto modo “todo lo que nos une, nos separa”. La retórica política, de la cual extraje el ejemplo de inicios del siglo XX, en las palabras de Coelho Neto, puede decir que se sustenta en firme terreno histórico: son naciones que, igualmente, emergen como tales en el siglo XIX, a partir del expansionismo europeo del siglo XV, exploradas y colonizadas exhaustivamente. Sin duda, este pasado colonial tan reciente encontrará expresión en el discurso que usa el fútbol como significante, siendo relativamente explícito en algunos de los ejes básicos de construcción de sentido. Pero es, justamente, la semejanza que precisa ser negada para que la especificidad de cada “nación” sea construida. Y, aquí, son también las construcciones selectivas acerca del proceso histórico –las narrativas sobre la nación- que serán utilizadas en la elaboración de la diferencia. Es importante, por lo tanto, comenzar recuperando el lugar, en la modernidad, de esas narrativas sobre la nación, a través del deporte.

Vengo sosteniendo hace algunos años que el fútbol es un significante privilegiado, un vehículo cuya exigencia de significación es tan grande que lo único que no admite es la ausencia de significado. Parto, por lo tanto, del presupuesto de que una característica inherente al fútbol es la transformación de un sinnúmero de eventos en eventos narrativos, cuyo sentido nunca está dado.

En la proliferación de discursos, a partir del juego, varias dimensiones identitarias son disputadas, negociadas y construidas, tal como muchos autores vienen demostrando. Una de ellas sería la de la nación. La observación, ya clásica, de Hobsbawm sobre el tema amplía aún más la perspectiva, situando los deportes como una especie de “reducto” del nacionalismo moderno, particularmente a través de la posibilidad de reificar a la nación en un competidor o equipo, estrechando los caminos para el proceso de identificación. Por las mismas razones y en el mismo proceso a través del cual el fútbol se tornó, sin dudas, el deporte más practicado y asistido en la modernidad, se transforma también en el gran palco de las naciones.

El debate sobre el lugar de las naciones en la modernidad es extenso y complejo. El triunfo del capitalismo monopolista, con empresas transnacionales rasgando fronteras antes sacralizadas, asociado al devastador crecimiento de los medios de comunicación, ha llevado a un sinnúmero de elaboraciones teóricas que anulan o minimizan el significado de las naciones y de las nacionalidades. Pienso que, de verdad, estamos frente a una nueva configuración de un fenómeno tan antiguo cuanto la humanidad: la destrucción y recomposición de las fronteras simbólicas que unen y separan las sociedades. En la modernidad, uno de los aspectos que esta dialéctica unificación/diversificación ha asumido es el debilitamiento de las fronteras nacionales, a las cuales se sobreponen sinnúmero y variados mecanismos de actuación transnacionales. Este proceso, sin embargo, hasta el momento, no eliminó los espacios del Estado-nación, aunque sus fronteras se hayan tornado más porosas. Algunos autores han anotado, inclusive, que este proceso, en muchos casos, ha provocado el “resurgimiento del nacionalismo” y el “crecimiento del fundamentalismo”. De cualquier forma, son Estados-naciones en un mundo conectado, sometido a mercados transnacionales, penetrados en sus fronteras políticas.

La búsqueda de la construcción de la igualdad y de la diferencia, bien como la disputa por valores (simbólicos, económicos, políticos) opera en territorios más amplios y multifacéticos. Uno de los efectos de este proceso más amplio es el que ha sido llamado “exotización” de las diferencias culturalmente producidas (cf., por ejemplo, Frigério, 2002), que se transforman en valores de mercado y, muchas veces, en instrumentos de luchas políticas.

Para la producción de estas diferencias, sin duda, los campeonatos deportivos son territorios singularmente propicios. Según la interpretación de Archetti (1999), los deportes, los juegos, la danza, se constituyeron, en las sociedades modernas, en “zonas libres”, espacios para la “libertad y la creatividad cultural”. O sea, la singularidad y especificidad residirían en las franjas e intersticios de los sistemas sociales, sus “zonas libres”.

El papel de la alteridad en estos discursos es esencial. Bajo ese punto de vista, no es en absoluto irrelevante el hecho de que el fútbol sea el deporte más popular del mundo. Se trata de construir la diferencia al interior de un código que todos dominan y en una práctica a la que todos atribuyen valor, aunque sea desigual. La alteridad, por lo tanto, conforme ya nos enseñaron los estudiosos de grupos étnicos, no se sucede a la identificación: forma parte del mismo proceso.

UNA ALTERIDAD PRIVILEGIADA: BRASIL/ARGENTINA
Uno de los principios básicos que operan en el escenario de los campeonatos deportivos modernos, como vengo argumentando, es el de la oposición de unidades estructuralmente semejantes, de modo de que el significado del enfrentamiento es la razón directa del recorte de las unidades en oposición. Los significados asociados a la nación y a las alteridades que la construyen, en el fútbol, son reinscritos y actualizados en los campeonatos internacionales importantes. Este proceso se ramifica en muchas dimensiones y niveles, durante los períodos a los que está asociado: la propaganda es uno de ellos. La descripción de dos pequeños cortos publicitarios, presentadas en la televisión brasileña en el Mundial del 2002, podrá indicar el lugar muy especial que en Brasil se le atribuye a la Argentina, durante el difícil proceso de homogeneización de los “brasileños”, operado en estos períodos.

En el período inmediatamente anterior y durante el Mundial del 2002, en Japón y Corea, una conocida marca de cerveza puso en el aire, en Brasil, una campaña publicitaria en la que eran tematizados, como rivales, algunos de los países participantes del evento. Las propagandas tenían la siguiente estructura: un grupo de hinchas de Brasil, en un bar, alegres, ruidosos y felices, beben la referida cerveza. Una voz en off dice: beba cerveza tal o sino vaya a hinchar por tal país. Aparece, entonces, solitario, el hincha de tal país, bebiendo otra cerveza, mientras que los hinchas brasileños confraternizan, felices. En el conjunto de los cortos, hay uno especial y diferente: es el que se refiere a Argentina. Empezando con la misma estructura, presenta un detalle al momento final. Después de la afirmación “beba la cerveza tal o vaya a hinchar por Argentina”, los hinchas brasileños se ponen serios y comentan en voz baja, aparentemente conmovidos, la grave situación económica y política por la cual pasaba, en esa época, el país vecino. Por algunos instantes, la algarabía se interrumpe, como si la solidaridad con Argentina fuera más importante que la rivalidad en el fútbol. Pero, en seguida, los hinchas estallan en risas, acentuando la valoración mayor de la rivalidad.

Durante el Mundial del 2002, la propaganda hecha para Brasil por una de las mayores tarjetas de crédito del mundo continúa una campaña publicitaria que estaba en el aire hacía ya un tiempo. Esta campaña se estructura sobre la idea de que todo lo que el dinero puede comprar puede ser adquirido con la tarjeta mencionada, pero acentúa en cada corto publicitario, que siempre hay algo que el dinero no puede comprar y que, por lo tanto, no tiene precio. Enseguida después de la eliminación de la Argentina, en la primera fase del Mundial del 2002, un corto de esa campaña, construido según los mismos moldes que los anteriores, anunciaba el precio de algunos objetos que podrían ser comprados con la tarjeta y finalizaba diciendo que ver a Argentina eliminada del Mundial no tenía precio.

A pesar de que, como demuestra ampliamente Édison Gastaldo, la relación con el “otro”, en los cortos publicitarios durante los Mundiales de fútbol, sea una dimensión fundamental de la construcción del “extranjero”, constituyéndose en un proceso muy extendido durante esos períodos, hay algo muy especial en la alteridad brasileños/argentinos, tal como es producida y reproducida en las propagandas. Los dos cortos publicitarios resumidos anteriormente nos ofrecen una pista: en la primera, que, de hecho, tematiza diversas nacionalidades presentes en el Mundial del 2002, no necesariamente adversarias directas de la selección brasileña, el único corto que tiene una construcción diferente es el referido a la Argentina. De la misma forma, escapando de la tendencia dominante de proponer la construcción para la aniquilación y humillación de cada uno de los adversarios efectivamente encontrados en el campo (Gastaldo, 2002 a), la segunda pieza publicitaria reverbera la satisfacción de los hinchas brasileños por la eliminación temprana de la selección argentina del Mundial del 2002, adversario sólo potencial de la selección brasileña, ya que, en ese campeonato, efectivamente no se encontraron.

Aunque no conozca un trabajo semejante al de Gastaldo para las publicidades presentadas en Argentina durante el Mundial, hay algunos indicios importantes, mirados desde Brasil, de que representaciones colectivas equivalentes son tematizadas en Argentina. Por ejemplo, la bibliografía brasileña sobre la historia del fútbol registra un episodio paradigmático, ocurrido en 1920, cuando la selección brasileña que disputara la Copa Sudamericana en Chile, pasó por Buenos Aires. En esa ocasión, un diario local publicó un artículo, acompañado de caricaturas, que llamaba a los brasileños de macaquitos. Claramente este episodio tuvo profundas repercusiones en Brasil, tanto al desencadenar inmediatamente reacciones de varios tipos, como por la forma en la que el fútbol comenzaba a presentarse como espacio de debates sobre el “pueblo” brasileño. En verdad, pasados ochenta años, este episodio todavía repercute, concentrado en la difusión de la clasificación de los brasileños como “macacos”. En un trabajo publicado recientemente, sobre inmigrantes brasileños en Argentina, Frigério (2002) comenta:

La rivalidad entre argentinos y brasileños se expresa, hoy en día, principalmente a través del fútbol. “En el fútbol”, como dijo una entrevistada, “Brasil es un enemigo”.

Y más adelante:

Cuando el tema es fútbol, viejos estereotipos pueden venir a tono nuevamente y hacer con que los inmigrantes se vean en situaciones desagradables. Un entrevistado afirmó: “Cuando hay partido de fútbol, ellos dicen ‘vamos a mandar a los macacos de nuevo para Brasil’...”. (Frigério, 2002, 23)

El mismo autor, en el mismo texto, dice en nota de pie de página que durante las Olimpíadas de 1996, antes de la semifinal, que sería entre Brasil y Argentina, “el diario argentino Olé comentó el acontecimiento de la siguiente manera: que vengan los macacos” (Frigério, op.cit., 24). En la introducción de la misma compilación en que se encuentra el artículo citado anteriormente, Frigério y Ribeiro llaman la atención para la especificidad de la alteridad brasileños/argentinos, en ambas direcciones, acentuada, en las dos últimas décadas por la intensificación de estas relaciones, en el contexto de desarrollo del MERCOSUR, relaciones “frecuentemente marcadas por estereotipos que terminan influenciando al contenido de las interacciones” (Frigério y Ribeiro, 2000: 7).

El epíteto (macaquitos, macacos) acentúa una de las diferencias fundamentales cristalizadas en las narrativas argentinas y brasileñas. De hecho, la forma asumida por la rivalidad, en su ocasión, permitirá recuperar uno de los ejes más importantes de diferenciación entre brasileños y argentinos en las narrativas sobre fútbol.

Así, hay muchas razones para suponer que tales estereotipos encuentran en el fútbol y, particularmente, en la ubicación de los dos países en el escenario internacional de este deporte, un espacio privilegiado para sus construcciones, a partir de esa rivalidad exacerbada. (…)

OBSERVACIONES FINALES
El rendimiento simbólico del fútbol como vehículo para la construcción de versiones sobre el “pueblo”, equiparado con la nación, reinventando una versión romántica de la nacionalidad, ha sido demostrado, con vigor, por los estudiosos del fútbol argentino y del fútbol brasileño. Comparaciones sistemáticas con otras narrativas ancladas en el recorte “nación” deberán ser buscadas, ensayando análisis más precisos sobre las inversiones simbólicas posibilitadas por la difusión mundial del fútbol.

Es importante, aún, como resalta reiteradamente Eduardo Archetti (1998, 1999, 2001, 2003), percibir de qué modo los “estilos nacionales” se conjugan con otras expresiones de identidad. En Argentina, como afirma ese autor, fútbol, polo, tango y también, en algunos contextos históricos, las peleas de box y las corridas de autos, son apropiados, como un rompecabezas complejo, para construir dimensiones diversas y conectadas de este proceso de construcción identitaria nunca acabado. En el caso brasileño, el trabajo clásico de Da Matta (1979) sobre el triángulo ritual brasileño, con repercusión singular en nuestra antropología, opera también con dimensiones distintas y complementares del ser brasileño. Pienso que debemos, aún, examinar las correlaciones, por ejemplo, entre el samba, en sus diversas manifestaciones, y el fútbol; sin duda, vehículos máximos de construcción identitaria. Si focalizamos, por ejemplo, en las técnicas o expresiones corporales privilegiadas y celebradas en uno y otro contexto, algunas nuevas dimensiones serán, sin duda, iluminadas.

En relación a los otros deportes, para el caso brasileño, me gusta citar una frase de un periodista que, hasta ahora, considero perfecta para explicitar el lugar ocupado por el fútbol en Brasil. Dijo: “en Brasil hay dos deportes: el fútbol y lo que esté ganando”. Sintética y precisa, la frase da cuenta de la forma en que se incorpora, sin ningún problema, cualquier deporte que se presente como victorioso en el escenario internacional (vóley, básquet, automovilismo, tenis, yacht, equitación, etc.), transformándolo, rápidamente, en orgullo nacional. Deportes que propician victorias internacionales son insistentemente focalizados por los medios de comunicación, transformándolos en un tema en los más diferentes círculos sociales y haciendo surgir nuevos “expertos”, de la noche a la mañana. Todos, sin embargo, hasta aquí, son fácilmente descartados en situaciones de derrotas sucesivas, no implicando reevaluaciones de la “nación” o del “pueblo brasileño” (Guedes, 1998), marca del fútbol desde, por lo menos, la “tragedia del 50”. Pero sus efectos en el proceso de construcción identitaria y en las narrativas sobre la nación no son, absolutamente despreciables. Es necesario examinarlos con cuidado. De este modo, es fundamental para evaluar las diferentes formas de transformación del fútbol en operador de la identidad nacional, no sólo comparar estas narrativas, sino también localizarlas en conjuntos más amplios de construcción identitaria que permitan evaluar su peso, su lugar y sus conexiones simbólicas con otras formas de representación colectiva, consideradas como productos históricos, y, por lo tanto, en permanente proceso de cambio.

Y, sin duda, como la teoría antropológica ya demostró ampliamente, estas construcciones son contrastivas. Una de las dimensiones contrastivas realizadas por el fútbol, produce, de hecho, una especie de “concierto de naciones”. Examinar una alteridad privilegiada como la de Argentina y Brasil sobre fútbol, es un atajo interesante para encuadrar esas identidades sociales. En este dirección, es posible dialogar con Gustavo Lins Ribeiro (2002: 248), que, inspirado en el “orientalismo” de Edward Said, propone la existencia de un “tropicalismo” en la representación de los brasileños y un “europeísmo” en la representación de los argentinos. Sin duda, los análisis sobre los deportes en los dos países, en especial del fútbol, podrán contribuir decisivamente para examinar esta propuesta analítica. De todas formas, una de las conclusiones de este autor, con la cual concuerdo plenamente, puede ser perfectamente apropiada para el cierre de este trabajo: “Argentinos y brasileños están irremediablemente presos a un juego especular entre sí” (Ribeiro, 2002, p.262).

 

Referencia:
1. Frase central del discurso de Coelho Neto, delegado brasileño en el Congreso Sudamericano de Fútbol, realizado en Río de Janeiro, en 1919, antecedente de la realización de la Copa Sudamericana, recibiendo a las delegaciones de los otros países. (Mazzoni, 1950)

Referencias bibliográficas:
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* Nota del editor: por razones personales, Simoni Lahud Guedes no pudo escribir un trabajo para nuestros Cuadernos. No era una ausencia sencilla: Simoni es, sencillamente, la inventora de la antropología latinoamericana del deporte, junto a Roberto Da Matta y Eduardo Archetti –además de una colega increíble, llena de generosidad con los académicos jóvenes de todo el continente. Por eso, le pedimos autorización para publicar, como cierre de estos Cuadernos, una edición reducida de este texto, un gran trabajo de análisis de la diferencia entre brasileños y argentinos a través del fútbol. Se puede acceder al texto completo en http://www.vibrant.org.br/issues/v6n2/simoni-lahud-guedes-las-naciones-argentina-y-brasilena-a-traves-del-futbol/

 
   
 
       
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