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Las elecciones, el espejismo de un solo pueblo y la Copa del Mundo: Apuntes desde Brasil sobre las campaÑas del gobierno Santos y de la SelecciÓn de Colombia

David Leonardo Quitián*

“En el fútbol, la Selección Argentina representaba la vieja maquinaria política que, se creía, no podía ser derrotada. Maradona decía que la historia no se podía cambiar y la Selección obtuvo una victoria de 5 a 0. Si nuestros futbolistas pudieron, nuestra gente también podrá ganarle a la vieja maquinaria política. Y nuevamente el marcador para Colombia será el 5. Con su voto y un voto más lograremos el cambio”
Andrés Pastrana (candidato presidencial, en comercial de TV)(1)

EL FÚTBOL, LAS ELECCIONES Y LA PAZ
“Si Colombia le gana a Grecia, Santos es presidente”, escribió el historiador inglés Matthew Brown en el Financial Times(2) de Londres. Ambas cosas se dieron: el candidato presidente ganó en segunda vuelta los comicios por la primera magistratura del Estado y la Selección venció 3 a 0, en su debut en la Copa Brasil 2014, a los europeos ¿Qué relación puede haber entre uno y otro hecho? Difícil establecerlo y, más complicado aun, probar que haya una relación de causalidad entre los ejercicios democrático y futbolístico. Sin embargo, la proposición incentiva un debate interesante que involucra otros elementos como el lugar de la patria y los nacionalismos. Discusión que, al ser desarrollada en el periodo del Mundial, posibilita puntos de mira privilegiados, dada la intensidad con que se vive este megaevento deportivo.

Para ilustrar esta reflexión, digamos que el recién reelegido presidente, Juan Manuel Santos, sí explotó discursivamente los triunfos del equipo nacional de fútbol masculino. Lo hizo inspirado en el proceso adelantado por Nelson Mandela en Sudáfrica. Como se recordará, “Madiba” consiguió que la selección nacional de rugby fuese un factor de integración –en el marco de la Copa Mundial Webb Ellis de 1995– que contribuyó a moderar las feroces tensiones entre la minoría blanca y el resto de la población ancestralmente africana. Demostrado lector del libro El factor humano de John Carlin y declarado admirador de la película “Invictus”, Santos logró restablecer las relaciones surcontinentales (rotas por el bombardeo a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano) meses después de posesionado en su primera elección, con una estrategia diplomática vehiculada en la última Copa América. Así, en tiempos de este certamen realizado en Argentina (julio de 2011) Santos fue recibido en la Casa Rosada de Buenos Aires y en el Palacio de Miraflores en Caracas, después que los gobiernos argentino y venezolano, respectivamente, hicieran declaraciones reprobatorias de la incursión militar violando la soberanía de un país de la región. Más aún: la Cancillería de Bogotá gestionó con éxito un acercamiento con Quito y logró una reconciliación rubricada en un encuentro binacional entre el presidente Rafael Correa y el comandante del ataque aéreo de Sucumbíos, el actual presidente Santos, que el 1° de marzo de 2008 era ministro de defensa del gobierno determinador de la “Operación Fénix”: el mandatario colombiano Álvaro Uribe Vélez.

Pero su avanzada no sólo fue regional. El gobierno de la “Unidad nacional”(3) extendió su narrativa futbolizada a todo el orbe, aprovechando la localía en la Copa del Mundo Sub 20 de la Fifa, efectuada en 2011 en ocho ciudades colombianas. La discursiva oficial trabajaba dos ámbitos: el interno, en el que redundaba en la idea de “un solo equipo” y “jugar del mismo lado”, y el internacional, que martillaba dos visiones: “clasificar al grupo de las grandes naciones” (aludiendo a las eliminatorias y el regreso a un Mundial) y “ser cabeza de grupo en economía y políticas sociales” (en referencia a la designación como líder de grupo de la Copa de Brasil). Corolario de ese nivel internacional fue el mundial juvenil en el que Santos hizo varios actos públicos y una decena de declaraciones en la Casa de Nariño, que repetía una sola consigna: “si la FIFA nos designó como sede del segundo evento más importante del mundo, es porque reconoce que somos un pueblo capaz y capacitado para grandes gestas”(4). Una agresiva campaña de comerciales de radio, televisión y prensa, enfatizando esta propaganda, inundó la oferta mediática disponible(5). Un gesto ilustra el libreto de la publicidad oficial y la

 

confianza del gobierno en la eficacia de su mensaje: Santos proyectó, en la propia sede de gobierno, el filme de los Springboks y su título mundial en Sudáfrica al grupo de jugadores que defendió los colores del país en esa Copa Mundo Sub 20.

La retórica oficial interna tenía dos públicos objetivos: las guerrillas y la propia oposición política. El discurso era marcadamente maniqueo: definía buenos y malos. Quien estaba contra el establecimiento y contra la gestión de Santos debía ser considerado enemigo. Estos dos destinatarios confluían en una sola estrategia: jugársela por la paz, iniciando negociaciones con el secretariado de ese grupo insurgente y convertir esa decisión en su principal plataforma electoral de cara a su reelección. La iniciativa tuvo mucho de osado: como nunca en la historia los diálogos de paz eran impopulares (como consecuencia del populismo de derecha promovido por el uribismo) y atreverse a proponer una mesa de conversaciones en La Habana era deslindarse radicalmente –con todas las consecuencias en merma de votos– del carismático Álvaro Uribe, que es el gran elector del país en los últimos quince años.

A pocos días de la ratificación de Santos en el poder es prematuro afirmar que su éxito en las urnas sea consecuencia directa del uso instrumentalizado que hizo del balompié. Sí podemos decir que ha sido el presidente que más empleó metáforas del deporte(6), específicamente del fútbol, en su ejercicio como mandatario (vistió la camiseta tricolor en varios actos de gobierno) y con enfoque obsesivo en la persuasión del enemigo a abandonar las armas; así como de proyección internacional propendiendo por la reconciliación con los vecinos y la mejora de la “marca país”.

También podemos escribir que aprovechó sagazmente la euforia nacional por los triunfos de la selección y su clasificación a la Copa, para anunciar y desarrollar la negociación con las FARC. Basta dar una ojeada a la cuenta de Twitter del presidente para ver cómo mixtura anuncios de la mesa en Cuba y felicitaciones al técnico y futbolistas. Fruto de esa inclusión del fútbol de la Selección en la agenda de La Habana es el hecho de que los negociadores de la guerrilla aparecieron en varias fotos publicadas en los medios, luciendo la camiseta del equipo y celebrando la clasificación luego del empate 3 a 3 que le dio el tiquete mundialista. Así mismo, dos jugadores emblemáticos de la historia nacional, Carlos Valderrama y “Chicho” Serna propusieron, con anuencia del gobierno, un “partido por la paz” entre futbolistas retirados del fútbol colombiano y mundial (Maradona y Chilavert fueron convidados) y guerrilleros. Las FARC aceptaron contraofertando: serían juegos de ida y vuelta; uno en la isla caribeña y otro en la cancha donde se inició deportivamente el “Pibe”, en el barrio “Pescaito” en su natal Santa Marta.

LA SELECCIÓN EN BRASIL 2014: LA PATRIA, EL HIMNO Y EL ORGULLO NACIONAL
La reelección de Juan Manuel Santos demostró la polarización del país: el 51% de los votantes le refrendaron su mandato contra un 45% que sufragó por la propuesta uribista encarnada en el candidato Óscar Iván Zuluaga. La disputa se redujo a la falacia de optar por la paz o estar a favor de la guerra. Esa división –casi simétrica– no sólo fue en cantidad, también lo fue geográficamente: el centro andino (exceptuando Bogotá) se decidió por la apuesta radical de “negociar sin impunidad” y los bordes del país (costas atlántica y pacífica, más nororiente y el sur amazónico) le dieron el voto de confianza al proceso de negociaciones. Caracterizar el mapa político del país tiene sus riesgos si se escoge el camino de las generalizaciones; esto porque también deben

considerarse factores como el clientelismo, las maquinarias electorales (y la presión de actores violentos), más la abstención que, nuevamente, fue la ganadora con casi el 60% de la apatía electoral.

Por eso, la sensación de ser “un solo pueblo” que gestó la Selección en la Copa no deja de ser una ilusión. Colombia aun es un país en armas y con el conflicto interno más antiguo de la región. Cierto es que el Mundial es el último reducto de la patria que se iconografiza, revive los criollismos; anima las etiquetas nacionales en símbolos como la bandera, el escudo, los padres de la independencia y todas las imágenes que –en su momento– contribuyeron a la nacionalización del territorio y a la comunidad imaginada que gestó la patria. Por eso es frecuente ver en las gradas y las calles rostros de hinchas pintados de amarillo, azul y rojo; plumajes indígenas, granitos de café, sombreros “vueltiaos”, ponchos, camisetas y bufandas (recontra)marcados con el nombre del país.

Dos hechos resumen con potencia el nacionalismo estacionario que vive el país en estos momentos: cerca de 120 mil compatriotas viajaron en varias oleadas al Brasil por causa del Mundial. Estos se sumaron a los cerca de 30.000 nacionales que residen en el país sede de la Copa. Colombia fue la sexta nación que más compró boletas en el portal de la FIFA. Teniendo en cuenta la inflación propia del megaevento y lo fuerte del real como divisa, venir al Mundial era muy caro. ¿Quiénes viajaron? La clase media, que –por definición– es la masa consumidora más activa, la que se endeuda mediante el sistema financiero y la que se arriesga a viajar y enfrentar contingencias de idioma, gastronomía y costumbres. Esta circunstancia genera material valioso de lectura: desde el inicio de la época republicana nunca antes había existido un desplazamiento masivo (distinto al de la violencia) en nuestra sociedad. Para un país de poca vocación para ir al extranjero, cerrado sobre sí mismo, este es un hecho inédito: 85 mil personas sacaron sus pasaportes por primera vez para un solo evento. La convocatoria del fútbol y el magnetismo del mundial lograron eso. La clase media fue la protagonista. Sector poblacional que es, además, el gestor y relator de la nación. Por ello no será raro encontrar, en el futuro próximo, los episodios futbolísticos de este Mundial en las narrativas constitutivas del imaginario nacional.

Cerramos con lo que va al principio: el himno. La canción nacional que exacerba el orgullo patrio se resignificó con vigor. La repetición asfixiante de sus acordes en actos públicos en Colombia empalidecen su solemnidad; sin embargo en la Copa después del brasilero y el chileno fue el único que excedió los 90 segundos que prevé el protocolo de la FIFA. Las imágenes de televisión mostraron compatriotas cantándolo con niveles dramáticos de desgarramiento. El gesto colectivo sorprende, máxime cuando él simboliza el establecimiento y la institucionalidad que han hecho crisis casi desde el momento mismo de fundación de la patria. Según testimonios de la prensa, muchos colombianos llegaron a Brasil y enfrentaron los costos y dificultades para acompañar la selección en los estadios, también para el ritual de cantar el himno.

La posdata de todo esto parece ser que el equipo nacional ha sido el único, desde la figura de Bolívar, que ha regresado (al menos temporalmente) el orgullo por esa entidad gaseosa que es la patria. Por eso todos quieren retratarse con la camiseta y la bandera. Por ello cantan a rabiar el himno. Por eso Pekerman recibió el voto de muchos colombianos (que los jurados de escrutinio marcaron como anulado) que lo prefieren a él como su presidente.

 

Referencias:
1. Versión disponible en canal Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=ZQIEay69nSQ.
2. Artículo titulado “Colombia- playing for peaceat the World Cup?” en junio 6 de 2014. Versión disponible en http://www.ft.com/cms/s/2/870ce5f6-ec4f-11e3-ab1b-00144feabdc0.html#axzz33rwr7EPq.
3. Lema de gobierno de doble connotación semántica: por un lado refiere a la alianza partidista –la coalición– que llevó a Santos a sus dos elecciones (2010 y 1014) y también sintetiza la propaganda persuasiva del “enemigo del Estado”: las guerrillas, principalmente las FARC, que son invitadas (como remarcan los comerciales de radio y televisión) a “jugar del mismo lado”.
4.Fragmento de discurso emitido el 28 de julio en la casa de gobierno en Bogotá.
5. Tres de esos spots publicitarios se pueden encontrar en: https://www.youtube.com/watch?v=tN7YVZ4PWd4 - https://www.youtube.com/watch?v=uP4EO623iVk y https://www.youtube.com/watch?v=9CxUsArwMfw.
6. Otras frases acuñadas por la administración Santos son las de “hacer vueltas a Colombia” –en referencia al ciclismo– para hacer consejos de gobierno regionales, y la de “tenemos en el gabinete de gobierno a una Selección Colombia”.

* Sociólogo y Magister en Antropología de la Universidad Nacional de Colombia.

 
   
 
       
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